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Incaseayalux

Resultados de arreglos y ajustes en Incaseayalux, Bilbao

Un taller de arreglos mide lo que sale por la puerta: plazos, ajustes repetidos y prendas que no pudimos salvar. Aquí van los números de 2024, con sus condiciones y sus fallos.

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13años en el taller

Qué contamos y cómo lo medimos

En Incaseayalux llevamos desde 2013 en la Avenida Real 108, en Bilbao, y desde 2021 anotamos cada orden en una hoja de cálculo con número de entrada. No es un sistema elegante, pero permite mirar atrás sin depender de la memoria de nadie.

El registro cubre las 2.148 órdenes cerradas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2024. De esas, 1.883 fueron arreglos de ropa, 187 fueron trabajos de piel o cremalleras, y las 78 restantes se quedaron sin recoger o se cancelaron antes de empezar. Solo contamos lo que se entregó.

La medición de plazos es sencilla. Fecha de entrada frente a fecha de aviso al cliente. No mide si la prenda gustó, solo si salió cuando dijimos. Para lo segundo usamos otra cosa, la vuelta al taller dentro de los noventa días por el mismo ajuste.

Hay un hueco conocido. Los trabajos de noviembre y diciembre se ven menos porque parte de sus revisiones caen ya en 2025, y en el taller somos tres personas —Carmen Fernández en citas, David Ramos en presupuestos y Rocío Ruiz en recepción— sin un minuto libre para reconstruir lo que ya pasó.

Qué contamos y cómo lo medimos

Plazos de entrega reales en 2024

El compromiso por escrito es de cinco días laborables para un bajo de pantalón, siete para un ajuste de chaqueta y entre diez y catorce para un made-to-measure completo. Cumplimos ese plazo en 2.061 de las 2.148 órdenes, un 96,0 %.

El resto se retrasó. La media de retraso fue de 2,4 días, y la causa más repetida fue la espera de forro o de entretela que pedíamos a un proveedor de la calle Ribera.

Los made-to-measure son otra historia. De los 96 trajes y chaquetas a medida que cerramos en 2024, 71 salieron dentro del plazo acordado. Los 25 restantes se fueron entre tres y nueve días más allá, casi siempre porque el cliente pidió desplazar la segunda prueba a una fecha que le venía mejor.

Un caso concreto. La orden 2.104, un traje de tres piezas para una boda en la basílica de Begoña el 14 de septiembre. Entró el 12 de agosto y salió el 6 de septiembre, con dos días de margen y una prueba final que se movió porque el cliente viajaba por trabajo a Madrid y no podía acercarse antes.

Lo que volvió al taller

Medimos la vuelta por el mismo motivo en los noventa días siguientes a la entrega. En 2024 volvieron 63 prendas de 1.883, un 3,3 %. No es cero, y quien diga cero está midiendo otra cosa.

De esas 63, 41 eran bajos de pantalón que el cliente quiso subir o bajar un centímetro más. Otras 14 fueron cremalleras que agarrotaban al tercer o cuarto uso, todas de un lote de cremalleras metálicas que compramos en febrero y que dejamos de usar en abril. Las 8 restantes fueron costuras de forro que se abrieron en chaquetas de trabajo, sobre todo en prendas de hostelería que se lavan a diario.

El arreglo de esas 63 prendas fue sin coste. El tiempo medio de reparación fue de 1,8 días. Ninguna volvió a entrar por tercera vez en el mismo año.

David Ramos, que prepara los presupuestos, apunta una cosa que no cuadra. En los arreglos de piel la vuelta fue más baja, un 1,9 %, pero la muestra es pequeña, solo 104 trabajos, así que no sacamos conclusiones de ahí.

Piel, cremalleras y lo que rechazamos

El trabajo de piel y cremalleras se hace en el mismo local, con dos máquinas de triple arrastre. Entre enero y diciembre de 2024 cerramos 187 órdenes de este tipo. El plazo medio fue de 6,7 días.

Del total, 109 fueron cambios de cremallera en cazadoras, 52 ajustes de costura en bolsos y carteras, y 26 reparaciones de forros y ribetes. La más rápida fue una cremallera de cazadora de motorista entregada en 48 horas porque el cliente salía de viaje. La más lenta, un bolso de piel que necesitó dos pruebas de color y salió a los 19 días, más de lo que habíamos dicho al principio.

Rechazamos 31 encargos de piel en el año. Los motivos se repiten. Piel cuarteada que no aguanta una costura nueva. Forros pegados con adhesivo que no se puede despegar sin romper. Piezas de marroquinería con herrajes soldados que no se abren. En esos casos no aceptamos el trabajo y lo decimos en el mostrador.

Rocío Ruiz, en recepción, es quien suele dar esa negativa. No es cómodo. Pero devolver una prenda sin tocar sale mejor que entregarla y que se rompa a los diez días.

Prendas que no salieron bien

No todo lo que entra sale bien. En 2024 anotamos 9 casos en los que el resultado no fue el esperado y el cliente no quiso repetir el ajuste.

Dos fueron trajes de chaqueta con hombro muy armado en los que el ajuste de sisa quedó corto. Tres fueron vestidos de invitada con tejido de gasa que se deshilachó al mover la pinza. Los otros cuatro fueron acortamientos de pantalón en tejidos elásticos con recuperación alta, donde la costura quedó bien en el taller y cedió al tercer lavado, algo que no se ve hasta que la prenda pasa por la lavadora de casa.

Desde junio de 2024 advertimos de esto antes de tocar la prenda y ofrecemos un dobladillo pegado como alternativa. Aun así, tres clientes en el segundo semestre eligieron la costura y dos volvieron.

No cobramos esos 9 trabajos. Sumando material y horas, la pérdida fue de unos 640 euros en el año. Es poco sobre el total, pero está ahí y se cuenta.

Clientes que repiten y de dónde vienen

De las 2.148 órdenes de 2024, 1.204 vinieron de clientes que ya habían traído algo antes. Eso es un 56,1 %.

La cifra sube en los barrios cercanos. En Indautxu, Deusto y Abando la repetición llega al 63 % entre quienes nos conocen por vecindad, y no es raro que alguien traiga la chaqueta de un familiar que ya pasó por el taller hace años. También llega gente desde Santutxu, Rekalde y Basurto, y bastantes desde Getxo y Barakaldo, casi siempre por una prenda concreta que no quieren tirar. En transporte, la parada de metro de Indautxu y el tranvía en la plaza de Pío Baroja son las referencias que más se usan por teléfono.

El correo [email protected] recibe unas 40 consultas al mes. De ellas, alrededor de la mitad acaban en cita y la otra mitad se quedan en presupuesto sin cerrar, normalmente porque el arreglo costaba más de lo que el cliente esperaba. No perseguimos esos presupuestos.

Un año, en una tabla corta

El resumen de 2024 queda así: 2.148 órdenes entregadas, 96,0 % dentro de plazo, 3,3 % de vueltas por el mismo ajuste en noventa días, 31 encargos de piel rechazados y 9 trabajos que no salieron bien y no se cobraron. Todo ello con tres personas en el taller y un horario de lunes a jueves de 8:30 a 17:30 y viernes de 8:30 a 15:00.

El fin de semana cerrado. Eso limita las entregas de sábado, y algunos clientes lo preguntan cada mes. Es una condición del local, no una decisión que vayamos a cambiar este año.

Para 2025 hemos cambiado dos cosas. La cremallera metálica que dio problemas ya no se compra. Los made-to-measure llevan una fecha de prueba fijada por escrito al cerrar el presupuesto.

Si funciona, se verá en los números de diciembre. Si no, volveremos a contarlo aquí tal cual, con las mismas condiciones y los mismos fallos a la vista.

El trabajo de piel y cremalleras se hace en el mismo local, con dos máquinas de triple arrastre.

Carmen Fernández, Citas