Un traje de boda con veinte años
Mikel Aranburu entró un martes de febrero con un traje azul marino heredado de su padre. Venía de la calle Autonomía, a diez minutos andando desde el taller, y llevaba el traje doblado en una bolsa de plástico que había estado cerrada desde 2004: quería que se lo ajustaran para su boda en la basílica de Begoña, en mayo, y pedía conservar los botones originales y las hombreras tal como estaban.
Lo primero fue medir. La chaqueta tenía dos tallas más en el pecho y el pantalón pedía subir de tiro.
Lo que hicimos fue estrechar costuras laterales, acortar mangas y dejar el bajo del pantalón a 2,5 centímetros del suelo, con las pruebas repartidas en dos jueves: una a las 9:15 y otra a las 16:00, porque en medio había que desmontar el forro del delantero y volver a montarlo sin marcar la tela, que era un paño de lana fría bastante agradecido pero con poca holgura en los costados. Carmen Fernández le dio cita y David Ramos le pasó el presupuesto antes de tocar nada. Pagó 143 euros, pruebas incluidas.
A Mikel le sirvió porque el traje tenía tela de sobra en los costados. Cuando la tela es escasa, no aceptamos el encargo.
Se lo decimos en el mostrador y no le hacemos perder una cita. El ajuste depende de la tela que haya, no de lo que prometamos antes de verla, y eso vale tanto para un traje de 2004 como para una chaqueta comprada el mes pasado.
Chaquetas de piel de la ría
Nerea Bilbao regenta una tienda de ropa de segunda mano cerca del mercado de la Ribera. Trajo once chaquetas de piel compradas en lotes de Vizcaya y de Cantabria, casi todas con cremalleras rotas, forros descosidos y algún desgarrón en el codo; Rocío Ruiz las recibió un lunes a las 8:45 y las registró con una etiqueta por prenda y un número de orden.
El trabajo fue desigual, como suele serlo con la piel.
En cuatro chaquetas cambiamos la cremallera completa, de latón, con dientes de 5 milímetros; en tres sustituimos el forro interior por uno de satén; en dos cosimos refuerzos en los codos por dentro, y las dos restantes las devolvimos sin cobrar porque la piel estaba cuarteada y cualquier costura nueva iba a abrir un agujero al lado, cosa que ya habíamos visto en prendas parecidas traídas desde Santutxu el otoño anterior.
Nerea pagó 312 euros por las nueve intervenciones y recogió todo el viernes a las 14:20. Trabajamos la piel y las cremalleras, pero no tocamos prendas con acabados de plástico termoadhesivo que se deshacen al planchar. Eso lo derivamos a quien lo sepa hacer. Aquí no lo fingimos.
En piel cuarteada el arreglo puede aguantar una temporada y luego volver a abrirse por otro punto. Quien trae la prenda lo sabe antes de dejarla, y quien no quiera asumirlo tiene la puerta abierta para llevársela sin coste.
Quién no debería subir la escalera
No somos sastrería de espectáculo ni vestuario de cine. No hacemos trajes de época con patronaje histórico, no bordamos a mano escudos ni galones, y no preparamos vestuario para comparsas de carnaval en febrero, cuando los plazos se juntan y el taller ya está lleno.
Si tu encargo depende de un desfile el sábado, no cuentes con nosotros.
Tampoco arreglamos prendas de otros talleres que ya han sido intervenidas dos o tres veces. Cuando una prenda llega con costuras superpuestas y marcas de aguja por todas partes, el margen es cero. Lo decimos en la primera visita, sin rodeos.
No trabajamos con vehículos, ni con instalaciones eléctricas de la vivienda, ni con circuitos de frío, ni con la fábrica del edificio. No aplicamos pesticidas ni biocidas de ningún tipo, no ofrecemos servicios médicos, financieros, legales ni educativos, y no somos centro de formación: no damos cursos ni colocamos a nadie en prácticas, ni ahora ni cuando el taller estaba en el local anterior, antes de 2013.
Lo más importante: no atendemos encargos cuando alguien pide por adelantado un resultado concreto por escrito antes de ver la prenda. Ninguna costura se decide sin examinar la tela, el forro y el desgaste. Lo que sí decimos es qué implica el arreglo, cuántas pruebas necesita y cuánto cuesta. Eso queda apuntado antes de empezar. Quien quiera un presupuesto cerrado por teléfono sin traer la prenda tiene que buscar otro taller.
Si eres una empresa de uniformes con prisa por vestir a cien personas en quince días, tampoco es tu sitio. Podemos asumir tandas pequeñas, de ocho o diez prendas, con cita escalonada, pero no competimos con una fábrica ni con un servicio de logística. Nuestro límite son tres personas: Carmen, David y Rocío.
Si tu caso no encaja con lo que has leído, dilo con franqueza al llamar. Te ahorras el viaje y nosotros, la explicación en el mostrador. La puerta está en Avenida Real 108, 48080 Bilbao, abre de lunes a jueves de 8:30 a 17:30 y los viernes de 8:30 a 15:00, cierra el fin de semana, y el teléfono es 94 3193531; el correo, [email protected].