De dónde sale cada prenda
Cuando alguien entra con una prenda, la miramos entera.
Rocío Ruiz, en recepción, anota de dónde viene el cliente: si es de Deusto, de Indautxu, de Santutxu o de algún pueblo de alrededor como Getxo o Basauri, porque esa procedencia nos dice mucho sobre el uso real de la prenda y sobre el trato que ha recibido antes de llegar a nuestras manos en la Avenida Real 108.
No trabajamos con tejidos que no podamos identificar. Si un forro viene de un almacén del polígono de Asua y no lleva etiqueta de composición, no lo usamos, y preferimos decir que no a coser algo que va a dar problemas en tres lavados. Cada retal que entra lleva su ficha: fecha, proveedor, composición y metros.
Carmen Fernández sabe que una persona que viene desde Zorroza a las 9:00 no quiere volver dos veces por lo mismo.
Por eso, al recibir la prenda, medimos y fotografiamos los puntos críticos, y una chaqueta de cuero con un descosido en el hombro se marca con lápiz de sastre y se revisa bajo la lupa antes de pasar a la máquina de coser.
Verificación antes de cortar
David Ramos lleva los presupuestos. Tiene una norma: ningún corte se da sin una segunda comprobación.
Si hay que acortar un bajo, se mide la distancia desde la cintura hasta el suelo con la persona delante, no con la prenda colgada, porque un pantalón de traje acortado 2 cm de más no tiene arreglo barato y el error se ve cada vez que el cliente se lo pone.
La verificación incluye probar la cremallera en vacío. Una cremallera metálica de 18 cm que parece buena puede fallar si el cursor no desliza limpio. En ese caso se sustituye por una YKK de latón, que es la única marca que pedimos por nombre, y no aceptamos imitaciones porque el cliente vuelve a los seis meses con el mismo problema.
Hay prendas que no tocamos. Abrigos con forro termosellado de los años noventa, por ejemplo.
Tampoco trabajamos sobre circuitos de refrigeración, ni sobre instalaciones eléctricas, ni sobre la estructura de un edificio, ni aplicamos pesticidas ni biocidas. Cuando algo se sale de nuestro oficio, lo decimos claro y en el momento.
Correcciones y ajustes
Ninguna prenda sale sin una última revisión a contraluz.
David o Carmen revisan las costuras con la luz de la ventana que da a la calle, porque la luz artificial de la máquina engaña, y si una puntada ha quedado desigual se deshace y se vuelve a coser sin que exista un límite de intentos más allá de que quede bien.
Los ajustes en piel llevan más tiempo. Una chaqueta de piel de cordero del barrio de Abando que necesita un estrechamiento de costados puede llevar dos sesiones.
En la primera se marca y se cose en basto; en la segunda se prueba y se remata. El cliente viene una vez, se va, y vuelve a los cuatro o cinco días.
Rocío avisa por teléfono al 94 3193531 cuando la prenda está lista, o manda un correo desde [email protected] si el cliente lo prefiere. No cobramos por el aviso ni por el almacenaje durante los primeros quince días.
Qué pasa con un aviso o una queja
Si alguien llama para decir que una costura ha cedido, lo primero es pedir la prenda y verla. No discutimos por teléfono.
Rocío anota la fecha de entrada, el nombre de quien atendió y una descripción breve del problema. Si la prenda se entregó hace menos de un mes, la revisión no tiene coste.
Cuando el fallo viene de nuestro trabajo, se rehace sin cargo. Si viene del uso, se explica y se da presupuesto aparte. En 2024 tuvimos 37 avisos de este tipo sobre algo más de 1.400 prendas entregadas.
Un aviso no se convierte en un expediente eterno. Se resuelve, se apunta en la ficha y se cierra. Si el cliente no está de acuerdo con la solución, se le dice que puede llevar la prenda a otro taller de Bilbao y pedir una segunda opinión. No retenemos prendas ni cobramos por una revisión que no hemos hecho.
El horario es de lunes a jueves de 8:30 a 17:30 y viernes de 8:30 a 15:00. El fin de semana cerramos.
La dirección es Avenida Real 108, 48080 Bilbao (Bizkaia), el sitio web es incaseayalux.click y la empresa que opera el taller es Incaseayalux S.L.U.
No prometemos plazos que no podamos cumplir ni precios que luego suban. Si una prenda necesita un arreglo que no sabemos hacer, lo decimos antes de aceptarla. Preferimos perder un trabajo a devolver una prenda mal cosida.